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Anemia
El Dr. S. Powell Burdick, proporciona
dos casos de anemia ocurridos ambos en señoritas
de 19 y de 21 años. Una y otra presentaban los
siguientes síntomas característicos: Semblante
pálido anémico, gran agotamiento, depresión
de espíritu, ataques violentos d cefalalgia frontal
extendiéndose al occipucio.
La más joven había sufrido de esta enfermedad
por seis o siete años, y recibido tratamiento
de varios médicos, homeópatas y alópatas,
habiéndole propinado los últimos grandes
cantidades de hierro sin ningún provecho.
La de más edad había sido también
anémica por varios años. Todos sus síntomas
se aliviaron pronto, apareciendo de nuevo el color suave
rosado de las mejillas; las orejas, que anteriormente
estaban pálidas y casi translúcidas, tomaron
el color rojizo natural. Los remedios empleados fueron:
primero Calcarea phos. 12D, por diez días o dos
se manas, seguida de Ferrum phos. 12D., por dos semanas,
luego se volvió de nuevo a Calcarea phos.
Fueron suficientes seis meses para
curar permanentemente cada caso.
Una señorita de 17 años
se puso anémica y clorótica después
una larga permanencia en la escuela, llegando a estar
tan debilitada que no podía fijar la atención
mucho tiempo, no tenía apetito deseaba solamente
estar recostada en su casa, no teniendo voluntad para
ir a ninguna parte ni para hacer nada. El estudio le
producía dolor de cabeza, por lo que tuvo que
abandonarlo completamente; su menstruación era
irregular, por algunos meses se le ausentaba, luego
se presentaba un flujo que variaba en cantidad. Le dí
Calcarea phos. 6D, como remedio principal, y de vez
en cuando Ferrum phos. Al cabo de pocos meses vino a
estar lo bastante bien para empezar de nuevo sus estudios,
podía andar por cualquiera parte con deseos de
salir y mejoría en su color. |
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Artritis
Dolores reumáticos en lis articulaciones
de los pies, agravados por el movimiento, en los que
había fallado Bryon. y Kali iod., curaron con
Ferrum phos., a la 10D.—Pop. Zeitschrift, Berlín,
1886.
Un zapatero de Berlín se enfermó a consecuencia
de un resfriado. Había fiebre con dolor violento
en el hombro derecho. La primera visita que le hice,
fue al tercer día después de su enfermedad;
la temperatura era alta, el pulso lleno y vivo, sed
y pérdida del apetito. El hombro derecho estaba
muy rojo y sensible al tacto; no se encontraba capaz
de acostarse en su cama, porque la presión de
las almohadas era intolerable. Estaba echado sobre el
sofá, apoyado con cojines de manera que el hombro
se librara de la presión. Le prescribí
Ferrum phos. Esta dosis fue disuelta en un vaso de agua,
grande, para darle una cucharadita de la solución
cada hora. La mejoría se hizo sentir a las pocas
horas. Durante la noche el enfermo pudo dormir, y al
siguiente día la fiebre disminuyó; a los
tres días estuvo en condiciones de mover el brazo,
y en unos cuantos días más se encontrón
completamente restaurado. (Tomado de Schüssler)
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Ciática
El Sr. B. ha estado padeciendo hace
siete meses de ciática en la pierna izquierda;
el dolor era muy intenso y destruía rápidamente
su salud; había sido tratado todo este tiempo
por un médico muy experimentado, y casi se le
prescribieron todos los remedios conocidos, hasta que
el mismo doctor abandonó el caso y dijo que no
podía hacer nada más de lo que había
hecho.
Vino a la consulta y encontré al enfermo sufriendo
de un dolor intenso y obtuso, extendiéndose a
toda la longitud del nervio ciático de la pierna
izquierda, empeorando al más ligero movimiento;
preparé una pequeña cantidad en polvo
de Kali phos. 6D, en medio vaso de agua, y le di una
cucharadita cada diez minutos por espacio de una hora,
en ese tiempo se mejoró el dolor; entonces se
durmió el enfermo hasta la mañana siguiente.
La próxima noche volvió el dolor; le dí
el mismo remedio, sin éxito. La noche que se
siguió le dí Kali phos. 12D, y muy pronto
se alivió del dolor; continué con ese
mismo remedio cada dos horas, una dosis de polvo en
seco por una semana, y luego cuatro veces al día
por término de un mes; una sola vez durante ese
tiempo tuvo un ligero ataque, que detuvimos pronto,
poniendo una dosis del polvo en medio vaso de agua,
y dando una cucharadita cada diez minutos por algún
tiempo. Ha pasado un año y no ha vuelto a sentir
esa molestia. Dr. G. H. Martín.
Una señora, que había sido traída
a su domicilio después de una reunión
en el campo, la encontré sufriendo de un dolor
intenso hacia abajo del nervio ciático. Había
alguna fiebre y sensibilidad excesiva al tacto y al
movimiento. El dolor la hacía gritar al más
ligero movimiento. La lengua tenía una capa amarillo-verdosa.
La dí Ferrum phos. 220ª y Natrum sulph.
200ª en agua alternativamente. Al día siguiente
pudo moverse sin mucho dolor, y estuvo capaz de cambiarse
por sí misma de un lado a otro de la cama. Al
tercer día pudo levantarse, y pronto entró
en convalecencia. (E. H. H.).
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